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  • Madrid es la capital de España, de la Comunidad de Madrid y de la provincia homónima. También conocida como La Villa y Corte, es la ciudad más grande y poblada del país, alcanzando oficialmente 3.207.247 habitantes dentro de su municipio y 6.543.031 en su área metropolitana, siendo por ello la tercera área urbana más poblada de la Unión Europea. Ver mapa
  • Los símbolos de la Villa de Madrid son la bandera carmesí propia de los ayuntamientos castellanos y el escudo tradicional con el oso y el madroño, tocado con corona real antigua, según el actual reglamento de Protocolo y Ceremonial del Ayuntamiento de Madrid. En 2004 la corporación municipal adoptó un logotipo basado en el escudo de la villa, en línea de color azul claro, que es utilizado en los documentos internos y de comunicación externa.
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¿Por qué se le llama “pistola” a la barra de pan en Madrid?

Si contamos las clases de pan que se elaboran en España podemos superar los 300 tipos, algunos con gran tradición y propios de zonas geográficas determinadas. La variedad más demandada en la capital es, sin ninguna duda, la barra o pistola, seguida de la baguette, y en tercer lugar la italiana chapata. A ningún madrileño le suena raro pedir en una panadería una pistola, sin embargo, la mayoría de personas no saben de dónde viene el nombre.


Existen diversas teorías, una de ellas dice que los alemanes son los artífices del nombre, ya que por su forma llaman al pan flauta, que en alemán se dice ‘pistole’. La palabra francesa “pistolet”, también es un tipo de pan belga. Para otros, se emplea el término pistola para referirse a la barra de pan desde los años 60, derivado del italiano, ya que panadero en latín se conoce como ‘pistor’ y la terminación -ula (-ola) se refiere a la barrita de pan. Otra teoría, quizás la más consagrada, dice que la costumbre de llamar pistola al pan es porque “mata el hambre”.


El pan, alimento base en la dieta cotidiana, se introduce en el siglo III A.de C. por los celtíberos, por lo que cuando los romanos llegaron a la península ya se conocía. En la Edad Media ya existían campos de cereales en la zona norte de Madrid, y la panificación en nuestro país aparece regulada por primera vez en el siglo XIV, una vez que la Hermandad de Panaderos Españoles se transforma en Corporación de Oficio, y se mantiene hasta el siglo XIX. El pan y el trigo siempre han formado parte de la base de la dieta mediterránea. Fuente de vitaminas, minerales, fibra, hidratos de carbono y proteínas, el pan es un alimento imprescindible para cubrir las necesidades energéticas y nutricionales de las personas, por lo que ocupa la base de la pirámide de recomendaciones nutricionales que establecen los organismos internacionales.

Fuente: Sabor Madrid

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21 curiosidades sobre la ciudad de Madrid

La villa de Madrid, capital de España y ciudad en la que viven más de 3 millones de habitantes está llena de leyendas, historias, y rincones escondidos. Aquí tienes 21 datos y curiosidades sorprendentes sobre Madrid que tal vez conocías o tal vez no.


1. La Osa y el Madroño
El Oso y el Madroño, sería más correcto llamarlo ‘osa’ ya que en su origen era femenino. El rey Alfonso VIII en el siglo XXII cerró una disputa entre el clero y la villa de Madrid cediéndoles los pastos a la Iglesia y al pueblo los árboles y la caza, como símbolo de ese acuerdo surgió el emblema del oso apoyado en un madroño que se convertiría en el escudo de la ciudad.

2. ¿Por qué a los madrileños los llaman gatos?
El apodo viene de la época de la reconquista cuando en el siglo XI Madrid todavía estaba bajo dominio árabe. Las tropas cristianas del rey Alfonso VI se acercaron a una de las puertas de las murallas. Uno de los soldados logró subir los muros exteriores mediante la inserción de su daga entre las hendiduras del muro y apoyando su pie en esta, luego corrió a la torre fortificada y cambió la bandera mora por la cristiana. Lo hizo con la agilidad de un gato y el resto de los soldados comenzaron a llamarle Gato. En memoria de esta hazaña él y sus sucesores asumieron el apellido Gato. Con el tiempo la historia se convirtió en leyenda y el apodo se atribuyó a todos los madrileños.

3. ¿Cuál es la construcción más antigua de Madrid?
La construcción más antigua de Madrid es el Templo de Debod. Se trata de un templo del Antiguo Egipto donado en 1968 por el gobierno egipcio a España por su ayuda durante la construcción de la presa de Asuán. El templo fue construido en el 200 a.C. y se encontraba a orillas del Nilo en la baja Nubia.

4. El Ángel Caído, la dedicada a Satanás
El llamado Monumento del Ángel Caído se encuentra en el parque del Retiro de la Villa de Madrid, en la Glorieta del Ángel Caído. Es obra de Ricardo Bellver (escultura principal) y Francisco Jareño (pedestal) y fue inaugurada en 1885. Además esta estatua se encuentra exactamente a 666 metros sobre el nivel del mar.

5. La estación de metro fantasma
Existe una “estación fantasma” en el metro de Madrid, se trata de la antigua estación de Chamberí que fue convertida en museo el 25 de marzo de 2008. La estación se encuentra en la línea 1, entre las estaciones de Iglesia y Bilbao, bajo la plaza de Chamberí, fue inaugurada en 1919 y estuvo operativa hasta 1966.

6. El museo encantado
El Museo Reina Sofía, Instalado en el edificio Sabatini, antiguo Hospital general de Madrid, el museo fue inaugurado oficialmente el 26 de mayo de 1986 como Centro de Arte Reina Sofía, en honor a la Reina Sofía de España. La leyenda cuenta que las almas de las personas que murieron en el antiguo hospital que ocupaba el edificio del museo en otros tiempos se quedaron atrapadas en sus paredes. ¿Será cierta la leyenda?

7. La calle más corta de Madrid
La calle Alcalá es la más larga de Madrid con 10km de longitud pero seguro que muy pocos conocéis cual es la calle más corta. Se trata de la calle Rompelanzas y es la que va desde Preciados hasta la del Carmen y no tiene más de 20 metros. 8. La casa más estrecha fotocuriosidadesmadrid6 En el número 61 de la Calle mayor se encuentra la considerada como “casa más estrecha” de la capital. Tiene poco más de cuatro metros de ancho y entre sus paredes vivió y murió, en 1681, una leyenda de la literatura española como Calderón de la Barca.

9. ¿Cuál es el puente más antiguo de Madrid?
El Puente de Segovia es el puente aún en pie más antiguo de la ciudad. Felipe II le mandó construirlo, allá por 1582, a su arquitecto favorito, Juan de Herrera, famoso por el Monasterio del Escorial.

10. ¿Cuál es el reloj más grande de Madrid?
Contrariamente a la creencia popular el reloj más grande de Madrid no es el que se encuentra en la Puerta del Sol, famoso por dar las campanadas en Nochevieja. Más grande que ese es el reloj de la estación de Atocha.

11. Las estatuas urbanas de Madrid
Madrid está salpicada de estatuas urbanas que representan oficios, un barrendero, un farolero, una estudiante, un torero o un paseante entre otros. Son 11 estatuas en total y aunque todas sean de bronce y tengan un aspecto parecido no fueron hechas por el mismo escultor y no son tan antiguas como podrías pensar.

12. El restaurante más antiguo del mundo
El restaurante sobrino de Botín es el más antiguo del mundo. Sobrino de Botín aparece en el libro Guinnes de los Records como el restaurante más antiguo del mundo, aunque no son pocos los que reclaman este título fuera de nuestras fronteras. Está situado en la calle Cuchilleros, abrió sus puertas en 1725 y fue un francés quien lo puso en marcha junto a su esposa, Jean Botin. Más tarde sería su sobrino quien se haría cargo del negocio y fue el quien le dio el nombre que mantiene hasta hoy en día.

13. La Cibeles guardiana del oro
La fuente de Cibeles es clave en la seguridad del Banco de España. En caso de que las alarmas de la cámara de oro sonaran por intento de robo, la fuente la inundaría en segundos. Esto es posible por la canalización del agua, que va del subsuelo, justo debajo de los leones que tiran la carroza, a la cámara ubicada a 35 metros de profundidad.

14. En Madrid SÍ hay “playa”
Contrariamente a lo que dice la mítica canción de The Refrescos Madrid cuenta con una playa artificial desde Abril del 2011, cerca del río Manzanares.

15. La capital más elevada de Europa
Madrid se encuentra en mitad de una meseta a 650 metros sobre el nivel del mar, esto la convierte en capital más elevada de Europa.

16. ¿A quién se parece la estatua de Apolo?
Carlos III encargo el Salón del Prado a Ventura Rodriguez. Junto a esta obra gigantesca también se realizó la fuente de Apolo, también conocida como la fuente de las cuatro estaciones. Esta estatua que representa al dios griego de la belleza con una lira tiene unos rasgos inspirados en los del mencionado rey.

17. La tumba desaparecida de Velázquez
El pintor Diego Velázquez fue enterrado en la plaza de Ramales, en la hoy desaparecida Iglesia de San Juan Bautista, derruida en los planes urbanísticos de José Bonaparte.

18. La casa de muñecas gigante
La casa de América se encuentra situada en el Palacio de Linares. Construido en 1900 algunas partes del palacio fueron obra de Manuel Aníbal Álvares, incluida la espectacular casa de muñecas que los primeros marqueses de Linares mandaron construir para su hija en los jardines del palacio.

19. Las Ventas no era la plaza de toros original de Madrid
Antes de que en 1931 se inaugurara la Plaza de Las Ventas las corridas de toros en Madrid tenían lugar en la plaza de toros de Fuente del Berro desde 1870 hasta su cierre en 1934. Este ruedo se encontraba en el lugar que después ocupó el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid.

20. La calle maldita
La calle Antonio Grillo en el barrio de Universidad es la que tiene la historia más macabra de la ciudad. Solo el portal número 3 de dicha calle acumula un total de ocho asesinatos desde 1945. El más escabroso de todos fue el de un padre que acabó con la vida de su mujer y sus cinco hijos para exponerlos en el balcón y seguidamente pegarse un tiro. Pero la leyenda negra de esta calle es mucho más grande y en ella se han producido más crímenes.

21. El socavón de Almagro
Un 5 de octubre de 1967 el suelo de la calle Almagro se resquebrajó y hundió produciendo un brutal socavón de 1.500 metros cuadrados en el tramo que va desde Alonso Martínez hasta Fernando el Santo. 12 coches fueron tragados en este agujero junto con una chica que milagrosamente resultó ilesa.

Fuente: Liopardo

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Rincones y curiosidades de Madrid


El reloj más grande
Aunque la fama pudiera evocar al reloj de la Puerta del Sol, ya contemplada en curiosidades anteriores, el más grande de todo Madrid está en Atocha, asidero de viajeros y viandantes. Situado en lo alto de una torre de ladrillo, este reloj con fondo blanco tiene unas manecillas que miden 5 y 7 metros respectivamente. Lejos de la historia que ocultan sus «hermanos» en otros puntos de la ciudad, éste es relativamente joven: fue construido en la remodelación de la estación de Atocha, entre 1985 y 1992, a cargo de Rafael Navarro. Un faro para pasajeros con prisas.

Un Madrid con hora de llegada
«A las diez en casa; y en verano a las once». No es la orden de unos padres al hijo adolescente que sale, es la ordenanza que existía en el Madrid amurallado, donde estaba prohibido salir de la ciudad más allá de las diez de la noche, en invierno, y de las once, en verano. Se trataba, por una parte, de una medida de tipo impositivo para controlar las mercancías que llegaban a la Villa; y por otra, de seguridad. Las conocidas puertas de Toledo, Atocha o Alcalá, entre otras, eran los accesos de una muralla de 13 kilómetros de perímetro, construida en 1625, durante el reinado de Felive IV, hasta 1868, cuando fue derribada.

"Pedritos por doquier"
Pedro, de primeras, no es más que un nombre común, pero en el caso de Madrid esconde algo más. En 1934, Madrid se inundó de «pedritos», que no eran otra cosa que unas papeleras de forma redonda y achatada que se colocaron por toda la ciudad. Ahora, la siguiente pregunta a responder es: ¿por qué «pedritos»? La respuesta, según cuenta Manu García del Moral es su conocido blog sobre los secretos de Madrid, se encuentra en Pedro Rico López, alcalde de la ciudad en la época, cuya fisionomía inspiró a los madrileños para bautizar sus nuevas papeleras. Un hombre ancho y chaparro que dio nombre a las mismas, de las que apenas queda alguna.

El "Tiovivo" nació en Madrid
El origen de esta palabra tiene su origen en Madrid, en una curiosa relación entre los carruseles de caballitos para niños y el propietario de un negocio de carruseles del actual Paseo de Delicias, apodado como el «Tío Esteban». A Esteban Fernández, como se llamaba, se le creyó muerto por una epidemia de cólera que arrasó Madrid en 1834. Cuando era transportado para ser enterrado, Esteban «resucitó» y salió del ataúd exclamando: «¡Estoy vivo, estoy vivo!». Evidentemente, el «Tío Esteban» no estaba muerto, y desde entonces, a su carrusel se le empezó a llamar en todo Madrid como el del «Tío vivo», lo que mutó en el actual nombre que recibe esta popular atracción de feria

Casas "aseguradas de incendios"
Caminando por Madrid, seguramente hayas reparado en esta inscripción situada en la parte superior de algunos portales. Su origen está en la Sociedad de Seguros Mutuos de Incendios de Casas de Madrid, fundada en 1822 por Don Manuel María de Goyri. En la fecha, Madrid había sido víctima de varios incendios y los endebles cimientos de madera, junto a la ausencia de un cuerpo de bomberos de garantías, agrandaban las consecuencias de estos. Así, por una iniciativa privada, los propietarios optaron por constituir una sociedad en la que cada socio era asegurador y asegurado, donde las posibles reparaciones se llevaban a cabo gracias a un fondo común. El reglamento de esta asociación, en su artículo 41, se establecía que «se cuidará de que se coloquen en las casas aseguradas, en paraje visible una tarjeta o azulejo que diga Asegurada de Incendios».

Fuente: ABC Madrid

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Siete leyendas cortas de Madrid

1. La tradición de los Alfileres
Según esta tradición o leyenda popular madrileña, el día de San Antonio de la Florida, 13 de Junio, las mozas casaderas deben echar a la pila bautismal colocada en el exterior de la ermita 13 alfileres, después deberán introducir el brazo en la misma y tantos alfileres como se queden prendidos en la palma de la mano, tantos novios o pretendientes tendrán ese año.


2. La leyenda de la Cruz de Batres
Según esta creencia popular allá por el siglo XVI, un campesino de Batres, como otras tantas veces, llevó a su casa unos troncos de leña que había recogido mientras araba sus campos. El labrador, dado lo crudo del mes de febrero, se dispuso a encender un fuego, pero no tenía yesca con la que poder hacerlo. Apunto de caer en la desesperación, fue sorprendido por un resplandor de fuego y luz, en cuyo centro estaba una cruz hecha con los mismos leños que había recogido.


3. Perro Paco
Callejero, vagabundo, sin dueño conocido, sin duda le molestaba estar sometido a cualquier autoridad o norma. Su fama comienza a tomar cuerpo, cuando varios clientes del Café Fornos toman la costumbre de sentar a su mesa al “Perro Paco”, como si de una persona se tratase. Según cuentan, el perro se comía un suculento plato de carne, y esperaba tranquilamente a que el resto de los comensales finalizasen el menú, para después acompañarlos hasta la puerta del “Fornos”, incluso algunos decían que acompañaba al pagador de la cuenta hasta el portal de su casa, y que siempre rehusó entrar y dormir bajo techo que no fuera el habitual elegido por él.


4. San Pantaleón o el popular milagro de la licuación de la sangre
Cada año, en la tarde del 26 de julio, se produce el milagro de la licuación de la sangre de San Pantaleón, en el Monasterio de la Encarnación de las Religiosas Agustinas Recoletas de Madrid. Desde el momento de su licuación, la sangre permanecerá así hasta el día siguiente, 27 de julio, día de San Pantaleón. El hecho poco usual de la sangre que no se licua, o no se solidifique al llegar el día 28, es considerado mal augurio.


5. Manuela Malasaña
Manuela Malasaña fue la heroína madrileña, convertida en uno de los mitos de la resistencia del pueblo de Madrid ante las tropas del general Murat, jefe del ejército francés, que ocupaba la capital del Reino y contra el que se sublevó la población de Madrid el 2 de mayo de 1808. Según la leyenda, Manolita, la joven bordadora, pasaba a su padre y a otros defensores del Parque de Artillería de Monteleón – levantado en armas bajo la jefatura de los capitanes Daoíz y Velarde – los cartuchos de munición, durante aquella mañana del 2 de mayo. Fue detenida y condenada a la pena de muerte en juicio sumarísimo, por hallarse en posesión de unas tijeras propias de su profesión.


6. Convento de San Plácido
El cuadro fue donado por el rey Felipe IV como arrepentimiento al haberse enamorado de una monja que allí profesaba . La monja se llamaba Margarita de la Cruz . El rey Planeó secuestrarla pero las monjas conocedoras del hecho fingieron la muerte de su compañera.


7. Arganzuela
En el año 1494 los monarcas Fernando e Isabel pasaron una larga temporada en Madrid. En uno de esos recorridos por la villa, la reina sintió sed y pidió agua en su taller alfarero. El tío Daganzo era el dueño, este era viudo y tenía varios hijos. Su hija Sancha fue quien tuvo el honor de traerle el agua en una alcantarilla a la reina. La reina quiso recompensarla y mandó a su escudero que cogiera la vasija, llenarla tres veces y vertiera el agua por el camino. Una vez cumplida la orden, la reina le dijo a Sancha :
Cojed y volvedme llena esa vasija tres veces con fino chorro vertedla mientras andáis, y el terreno que señala, dote sea que quiebre la pesadumbre de la gentil alfarera.
Y todo este terreno humedecido, paso a llamarse Darganzuela, que significaba “hija de Daganzo”, con el tiempo se convertiría en el barrio de la Arganzuela.

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Las leyendas más terroríficas del Metro de Madrid

El suburbano madrileño también puede ser el escenario de las historias más terroríficas. Recopilamos algunas de las leyendas de sus estaciones. Se acerca Halloween y las historias de miedo comienzan a ser las más escuchadas. Sin embargo, algunas llaman la atención por su procedencia. Estas, en concreto, vienen de debajo de las calles: nada menos que del Metro de Madrid, que también cuenta con sus propias leyendas.

Vestíbulo de la estación de Tirso de Molina | Metro de Madrid

1. Enterrados en Tirso de Molina. Esta estación de la Línea 1, actualmente cerrada por obras, tiene una leyenda que cuenta que, a la Medianoche, se pueden oír los gritos de los monjes allí enterrados. Sí, monjes. Y es que cuando se levantó la parada de Metro en los años 20 se descubrió bajo tierra el cementerio de los monjes del Convento de la Mercedes, que ocupaba antes ese lugar. Los ingenieros decidieron depositar los huesos en los andenes, recubiertos con los azulejos.

Metro de Madrid en los años 50 | Metro de Madrid

2. El fantasma del último tren. Otra de las historias de miedo del Metro es la de una joven que se subió en el último tren. En su vagón solo había dos hombres y una mujer, que la miraba fijamente. En la siguiente parada se subió un hombre que le dijo en voz baja: "No te muevas, no hables, no le mires a la cara, y bájate conmigo en la siguiente parada". Ella le hizo caso, y ya en el andén el hombre le aseguró ser médium "y la mujer que teníamos enfrente estaba muerta, sujetada por esos dos hombres".

Entrada a la estación de Tirso de Molina | Metro de Madrid

3. El loco del bisturí. En 1959 tuvo lugar este famoso caso. Durante unos cuantos días, un hombre se dedicó a hacer cortes en los glúteos de al menos diez mujeres. Aprovechaba para atacar en plena hora punta, en la Línea 1. Los cortes eran finos y precisos, por lo que se le empezó a conocer como el loco del bisturí. Además, se sospecha que lo empapaba con anestesia, ya que las mujeres no sentían nada hasta que la sangre corría por sus piernas. Al principio se pensó que era un fantasma.

Andén de la Línea 5 de Metro de Madrid | Metro de Madrid

4. El tren embrujado. Si la anterior historia era real, la siguiente parece más complicada de que lo sea. Según cuenta la leyenda, si estás en cualquiera de las estaciones de la línea 5 del Metro y dejas pasar de largo nueve trenes, el décimo en llegar se trata de un tren que está embrujado y se pueden escuchar lamentos de lo más aterradores.

Entrada a la estación de Sol

5. La suicida de Sol. Según cuenta la historia, una chica con el tobillo vendado que estaba sentada a la entrada del metro pidió ayuda a un hombre para bajar las escaleras. Después, vio cómo se subía al mismo vagón que él y que al salir se tiró a las vías. Sin embargo, tras parar el tren con el freno de emergencia y salir, no había ni rastro de ella.

Fuente: Viajestic.atresmedia

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Los sanatorios «fantasma» del Parque Nacional de la Sierra del Guadarrama

Ubicados en plena montaña, estos antiguos centros sanitarios para enfermedades respiratorias están abandonados; algunos señalan que en ellos ocurren fenómenos «paranormales»

 

1 - Sanatorio de Marina
El sanatorio militar de Los Molinos, conocido como el «Sanatorio de Marina», fue primero un centro para tratar la tuberculosis y después un hospital lujoso venido a menos. Nació en 1943 para tratar a los militares venidos de toda España con afecciones respiratorias. La limpieza del aire de esta zona favorecía su recuperación. Tras varios años en funcionamiento el centro se especializó en neumología cuando la ciencia determinó que los pacientes enfermos de las vías respiratorias no tenían por qué estar ingresados permanentemente. Fue entonces cuando perdió el sentido con el que fue creado y las instalaciones fueron quedándose obsoletas. En 2001, el Ministerio de Defensa, de quien dependía la institución cerró sus puertas tras 58 años en funcionamiento. Desde entonces, ha sido pasto de saqueadores, curiosos y vándalos que han destrozado las instalaciones. Muchos se acercan hasta el para «cazar los espíritus» que dicen que alberga en sus desolados pasillos.


2 - Hospital Santo Ángel de la Guarda
Es el último de los hospitales que queda en pie del antiguo Patronato Nacional Antituberculoso. Una institución que levantó edificios similares por toda España para el tratamiento de esta enfermedad del aparato respiratorio. En concreto, este se levantó en Navacerrada en 1941 bajo la denominación del «Hospital Santo Ángel de la Guarda». El edificio tiene más de cien metros de fachada, siete plantas y sótano. Es el único de esta institución que aún queda en pie. Hasta los años 90 funcionó como hospital psiquiátrico, un hecho que ha alimentado las leyendas de que en sus paredes se producen apariciones y fenómenos paranormales. Actualmente está en ruinas y entrar en su recinto está castigado con multa, algo que no evita que se llene de curiosos los fines de semana. En el año 2000, la Comunidad de Madrid anunció que esta inmensa construcción se transformaría en un Parador Nacional. Un proyecto que nunca llegó a realizarse y que ha confinado a este sanatorio al olvido.


3 - El Sanatorio «Tablada»
Madrid abrió durante la dictadura de Primo de Rivera varios sanatorios para tuberculosos pulmonares en la sierra de Madrid. Entre ellos, el extinto Sanatorio «Lago» de Tablada que desapareció tras la Guerra Civil. Un centro que dio origen a este complejo conocido como el «Sanatorio Tablada» que, tras la contienda, tardó varias décadas en levantarse. Después funcionó como centro especializado en tuberculosis y, en su última etapa, hasta entrados los años 90 como psiquiátrico. Los curiosos se adentran en sus habitaciones buscando «el alma de los locos que nunca abandonaron este lugar».


4 - El Real Sanatorio de Guadarrama
Fue inaugurado por Alfonso XIII en 1917 como uno de los centros sanitarios más avanzados de Europa. «Sol, aire, pinos, agua, altura de 1.800 metros», se publicitaba el hospital. Un edificio muy lujoso para época que combatió contra las enfermedades respiratorias durante más de medio siglo. Por él, pasaron personalidades como Camilo José Cela o Rafael Alberti. En los años setenta fue abandonado y su estructura sobrevivió hasta bien entrados los años 90. Después fue derribado, obviando la historia que el Real Sanatorio escondía tras sus muros. Los amantes del cine de terror sostienen que en este lugar se rodó la película los años 70 «La noche de Walpurgis». Algo que aumenta el interés del espacio, ya sin edificar, que ocupaba este antiguo hospital.


5 - El sanatorio Hispano Americano
«Situado en plena sierra de Guadarrama, a 1.050 metros de altura, y junto al kilómetro 50 de la antigua Nacional VI, la carretera general de Madrid a La Coruña». Con estas características se publicitaba en las páginas de ABC el Sanatorio Hispano Americano, un centro de iniciativa privada rodeado de naturaleza que nació en los años 30. Tras años dedicados al tratamiento de enfermedades respiratorias el centro, como la mayoría de los que albergaba la sierra, fue desmantelado. En los años 80 se convirtió en un punto de peregrinaje para aquellos que buscaban experiencias paranormales. La leyenda fantasmagóricas empezaron a crearse por el elevado número de suicidios que la gente del pueblo asegura que había en el sanatorio. Tras años de abandono solo quedaron en pie las fachadas. A principios del 2.000 surgió un proyecto para transformar esta construcción en un centro geriátrico.

Fuente: ABC

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Historias y leyendas de Madrid

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Las primeras películas de cine en Madrid

Las primeras películas de cine que se vieron en Madrid las exhibió un técnico de la casa Lumière, Alexandre Promio, el 13 de mayo de 1896. Fue en los bajos del desaparecido hotel Rusia, en la carrera de San Jerónimo. El revuelo en la capital por las imágenes en movimiento fue espectacular. Durante las pocas semanas que estuvo allí este primer cinematógrafo todo el que podía pagaba una peseta por ver aquel prodigio. Hacía casi cinco meses que sus inventores, los hermanos Lumière, habían celebrado en París la primera sesión pública de cine, el 28 de diciembre de 1895.


Estas primeras sesiones del cinematógrafo mostraron a los atónitos madrileños diez escenas de la vida cotidiana, con títulos como Un paseo por el mar, Salida de los obreros de la fábrica Lumière, Batalla de nieve o La llegada del tren a la ciudad, película que conseguía que los espectadores se removieran en sus asientos ante el ‘riesgo’ de ser arrollados por una locomotora. Los dos primeros días asistieron invitados la reina regente María Cristina, miembros de la nobleza, la diplomacia y la prensa. A partir del 15 de mayo, día de San Isidro, estos ‘documentales’ mudos y en blanco y negro se mostraron al público madrileño en funciones de mañana, tarde y noche, con una duración total de unos 20 minutos. La sala de proyecciones era el comedor del hotel Rusia, en el número 34 (hoy 32) de la carrera de San Jerónimo.


El local fue alquilado y acondicionado para la ocasión por el cámara Alexandre Promio, quien también era conocido como Eugène Promio. Dos placas en este edificio recuerdan el acontecimiento, una referida al día 14 y otra al día 15 mayo. Entre aquellos primeros espectadores estaban Eduardo Jimeno Peromarta y su hijo Eduardo Jimeno Correas, de Zaragoza, quienes poco después decidieron comprar una cámara Lumière y viajaron a la localidad francesa de Lyon, donde estaba la fábrica. La cámara, que costó 2.500 francos, servía para tomar vistas, positivar y proyectar. Con ella se filmó la que se considera la primera película española, Salida de la misa de doce de la iglesia del Pilar de Zaragoza, el domingo 11 de octubre de 1896. Poco después, Eduardo Jimeno comenzó a proyectar películas en una nave de la calle Fuencarral a la que llamó Palacio de Proyecciones.


Por su parte, el cámara francés Alexandre Promio, al mes siguiente de sus primeras proyecciones en Madrid, rodó las primeras películas en escenarios madrileños: Salida de las alumnas del Colegio San Luis de los Franceses, Llegada de los toreros y nueve documentales militares, entre ellos Maniobras de la artillería en Vicálvaro. Eran los primeros compases de Madrid como sede del cine español, que rápidamente encontró cobijo en los teatros de la época. Se alternaban los espectáculos teatrales con las proyecciones de cine, aunque también se construyeron nuevos edificios dedicados a la proyección de películas. También surgieron las primeras revistas de cine, la primera en 1907, llamada Cinematógrafo Ilustrado. Los primeros años del siglo XX trajeron numerosas películas mudas, como La boda de Alfonso XIII (1906), Asesinato y entierro de Canalejas (1912) y Luis Candelas o el bandido de Madrid (1926).


Ya en 1923 había en Madrid 30 salas de cine. Habría que esperar a 1930 para asistir a la primera sesión de cine sonoro, con la película Los misterios de la Puerta del Sol, de Francisco Elías, donde se intercala el sonido ambiente de la Puerta del Sol y la Gran Vía con escenas mudas rotuladas. Por entonces, aquellas simples naves o barracones cinematográficos se habían reformado para ofrecer una mayor comodidad de los espectadores y se habían instalado pantallas más grandes. En 1935 la ciudad contaba con unos 60 cines. En 1928 nació el Cine-Club Español. Su fundador, Ernesto Giménez Caballero, y Luis Buñuel proyectaban en diversas salas de cine madrileñas películas vanguardistas francesas y soviéticas. Este primer cine club, cuyo ejemplo se extendió al año siguiente por las principales ciudades españolas, reunía a personajes del mundo de la cultura, principalmente a intelectuales de la Generación del 27.

Fuente: Cosas de los Madriles

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El antiguo comercio de la nieve en la sierra de Madrid

Antes de la invención de los frigoríficos, esos seres de blanco cuya respiración achacosa acompaña la noche de los insomnes, la única forma de obtener hielo era extraerlo de las cumbres de las montañas. Ventisquero del Ratón Imagen del ventisquero del Ratón donde se aprecia los muros de piedra Desde principios del siglo XVII hasta finales del XIX se estableció un fluido comercio de esta mercancía, que era transportada por arrieros desde las estribaciones de la sierra de Guadarrama hasta la capital.

Imagen del ventisqueo del Ratón donde se aprecian los muro de piedra

El ventisquero del Ratón En lo alto del Hueco de San Blas, exactamente a 2.000 metros de altitud, se encuentra el ventisquero o nevero del Ratón, un lugar donde el Paraíso abrió una sucursal. Hasta allí subían los neveros en mulas durante la Edad Moderna para obtener la nieve con la que se mercadeaba hasta no hace demasiado tiempo. El último tramo del camino se ha perdido hoy día, pero aún se conservan los muros de piedra levantados hace más de 400 años para acumular la nieve. Ésta era bajada en mulas a Chozas de la Sierra (actual Soto del Real) donde existía una casa o pozo de la nieve en el barrio del Solar que estuvo funcionando hasta el siglo XIX.


Allí se apelmazaba y se guardaba parte de la nieve en pozos en forma de hielo; el resto se llevaba en carros hasta Madrid, una vez preparada la carga que se cubría con pieles y se tensaba con cuerdas. El comercio de la nieve en la sierra de Madrid, los neveros Según Real Orden la nieve se tenía que transportar desde Chozas por el Camino Real que llevaba a Colmenar Viejo y, desde allí, directo a Madrid entrando por la calle Fuencarral hasta su destino cerca de la puerta de los Pozos de la Nieve, en la glorieta de Bilbao, en cuyas inmediaciones existían cinco grandes pozos. Otros ventisqueros Cerca del ventisquero del Ratón, pero en la cara septentrional de la loma de Bailanderos, se situaba el ventisquero del Algodón. Hasta allí llegaba el Camino de la Nieve que, desde el puerto de la Morcuera, bordeando la Najarra, desembocaba en Chozas y aún hoy se conserva, aunque eso sí con tramos borrados por el olvido y otros convertidos en pista forestal.

El "Pozo de cuelgamuros" es uno de los pozos mejores conservados de la Comunidad de
Madrid. Según las crónicas fue construido en 1609, y estuvo en uso hasta el año 1934

Posteriormente, al abrirse el nuevo paso al puerto de Navacerrada por Villalba en época de Carlos IV, se explotaron nuevos ventisqueros como el de las Guarramillas, más conocido por de la Condesa, el de la Estrada o el del Regajo del Pez. Pozo de Cuelgamuros de San Lorenzo de El Escorial El “Pozo de cuelgamuros” es uno de los pozos mejores conservados de la Comunidad de Madrid. Según las crónicas fue construido en 1609, y estuvo en uso hasta el año 1934 El oficio de nevero Los arrieros que se dedicaban a trajinar con la nieve lo hacían de forma temporal desde abril o mayo hasta el verano, puesto que en siglos anteriores la nieve se acumulaba en los ventisqueros de la sierra hasta bien entrado agosto. Era un oficio muy duro pues subían a la sierra de noche y, tras cargar, debían bajar el enorme peso que acarreaban las recuas por sinuosos caminos, con la única compañía de las alimañas y el propio miedo.

Fuente: Brujuleando la sierra

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Los primeros sacos de hielo de Madrid

En Madrid se conoce la existencia del hielo desde el Siglo XVII. Y desde entonces ha funcionado perfectamente para enfriar bebidas, numerosos cuidados terapéuticos y sobre todo refrescar algo los días de verano. Fue en aquél siglo XVII cuando un señor de nombre Pablo Xarquíes se acercó al Rey Felipe III (uno de los Austrias menores) y le intentó vender un nuevo sistema para obtener y sobre todo conservar el hielo. Es a partir de entonces cuando aparece la Casa de Arbitrio de la nieve y hielos del Reino , que se encargaba, además de extraer y conservar el hielo en los pozos de nieve, de elegir las tiendas y locales donde se podía distribuir el hielo en la capital. Así, sabemos que por ejemplo el restaurante Lhardy fue uno de los primeros elegidos para tener hielo en sus instalaciones, siempre y cuando los suministros estuvieran asegurados en el Palacio Real (antiguo Alcázar) , la Granja, Aranjuez y el Buen Retiro.

La casa arbitrio de la nieve y hielos del reino y de Madrid (1607-1863) por Pilar Corella, Catedrâtica de Bachillerato (PDF)

Neveras de la época de Xarquíes

¿Y qué eran los pozos de nieve? Pues primero se recogía en las sierras de Guadarrama y Navacerrada y se transportaba a Madrid, específicamente a los pozos donde se almacenaba la nieve: Desde la calle Fuencarral en su actual cruce con la Glorieta de Bilbao, hasta la actual Plaza de Barceló. Se conocen la existencia de estos pozos desde comienzos del Siglo XVII hasta 1863, cuando se cerraron definitivamente. También existían pozos de nieve en la Casa de Campo, donde se llegaba a almacenar incluso el hielo que se producía en el lago con la llegada del frío invierno.

El "Pozo de Cuelgamuros" es uno de los pozos mejores conservados de la Comunidad
de Madrid. Según las crónicas fue construido en 1609, y estuvo en uso hasta el año 1934

¿Y cómo se hacía el hielo? Pues aquí viene lo más curioso, porque cuando la nieve se traía lo primero que hacía era prensarse (con los pisoneros) , para hacer hielo. Luego se distribuía por capas, separando los bloques con todo tipo de vegetales. De esta manera, los pozos quedaban preparados en el invierno para que durante los seis meses de mayor calor se fuera distribuyendo por los diferentes palacios reales y los establecimientos actualizados.


¿Y para qué se usaba el hielo? Aunque nos cueste creerlo, con él se enfriaban todo tipo de refrescos naturales y se hacían granizados (mucho más caros) . Los clásicos eran el agua de cebada y la limonada, pero también llegó la horchata allá por el siglo XVIII. Esta curiosa forma de crear hielo se mantuvo hasta que aparecieron las primeras fábricas de hielo (en Madrid fue la cervecera Mahou quien en 1888 creó la primera fábrica) y las neveras no eléctricas, a finales del Siglo XIX, que mantenían el frío gracias a procesos químicos (el más sencillo era agua con sal) .


Fue la marca Kelvinator quien creó el primer frigórifico en 1913 y pasaron 50 años más hasta que se pudieron comprar las primeras neveras en España . Por aquellos años, comprar una nevera suponía invertir hasta 3 veces el salario medio mensual, así que tardó en llegar a todos los hogares como hoy la conocemos.

Fuente: Madrid and you

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¿Por qué el Rey Carlos III es considerado «el mejor alcalde de Madrid»?

El monarca adoquinó las calles y creó una red de alumbrado, alcantarillado
y recogida de basuras. La Cibeles, Neptuno, la Puerta de Alcalá
y el Jardín Botánico se levantaron gracias a él.

Cuando Carlos III llegó a Madrid, a mediados del siglo XVIII, se topó con una ciudad de aspecto miserable. La limpieza pública era tan escasa que el propio Fernán Núñez, el biógrafo del Rey, no dudó en calificar a la capital de «pocilga». Barro, basura y excrementos componían una lamentable y maloliente imagen de la cabeza del Estado. Ante esta situación, la necesidad de emprender una reforma profunda era evidente e imperiosa. Por eso, Carlos III se propuso encabezar una transformación de la villa y Corte. Para llevarla a cabo contó con el asesoramiento de su «mano derecha», Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, que junto al marqués de la Ensenada, inició cambios encaminados a la modernización del país.


Así, en Madrid se inició un ambicioso plan de ensanche en el que se proyectaron grandes avenidas, plazas con monumentos como Cibeles y Neptuno; se construyó el Jardín Botánico, el Hospital San Carlos (sobre el que hoy se levanta el Museo Reina Sofía) y el edificio del Museo del Prado (que iba a ser destinado al museo de Historia Militar) o el palacio del Buen Retiro. También se intervino para establecer un servicio de alumbrado público y de recogida de basuras, se adoquinaron las calzadas y se excavó una red de alcantarillado para recoger el agua de la lluvia.


La principal labor constructora de Carlos III en Madrid perseguía un afán propagandístico. Todos los edificios se levantaron en puntos clave de la capital. Además, se engalanaron las principales puertas de entrada a la ciudad. La más célebre es la Puerta de Alcalá, aunque también le acompañan otras como la Puerta de Toledo o la desaparecida d e San Vicente. Era la mejor carta de presentación para los visitantes de la ciudad. Aunque la intención del monarca era poner Madrid a la altura del resto de capitales europeas, la nobleza española vio las reformas como imposiciones del que consideraban un «Rey extranjero». Carlos III fue el hijo del primero de la dinastía Borbón que gobierna en España, Felipe V, y de Isabel de Farnesio.


Accedió al trono tras la muerte de su hermanastro, Fernando VI. Llegó a la Península con experiencia política a sus espaldas, ya que antes había reinado en Nápoles. Las reformas de Esquilache caldearon tanto el ambiente entre los nobles que tras el famoso motín, que se bautizó con su apellido, tuvo que abandonó definitivamente España en abril de 1766. En el puerto de Cartagena partió con rumbo a Nápoles. Y ese día dejó escrito: «Yo he limpiado Madrid, le he empedrado, he hecho paseos y otras obras… que merecería que me hiciesen una estatua, y en lugar de esto me ha tratado tan indignamente». Esta resistencia tan incomprensible para Carlos III le hizo declarar que los españoles eran «un pueblo anclado en infantiles torpezas». «Mis vasallos son como los niños: lloran cuando se les lava…». De esta manera se justificaba el principio rector de su reinado: «gobernar para el pueblo pero sin el pueblo». Dicho de otro modo, los españoles de la época daban tantas muestras de inmadurez que al Rey le parecía imposible concebir otra forma de gobierno que no fuera la del Despotismo Ilustrado.


Introdujo la colonia y la lotería m. r. d. madrid Agua de Colonia. Entre las mujeres de la aristocracia de la época se puso de moda el «Eau de Cologne», creada a principios del siglo XVIII por el italiano Giovanni María Farina (1685-1766). Esta fragancia al ser más suave que el perfume francés se hizo muy demandado por la élite femenina española. Su nombre proviene de la ciudad alemana (Köln) donde fue patentada.


La lotería llegó a España de la mano de Carlos III, que la importó de Nápoles donde ya era una tradición de largo recorrido. Aquel sorteo era muy similar al actual. La primera edición se celebró el 10 de diciembre de 1763.

Fuente: elhistoriador.es

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¿Por qué el bocadillo de calamares es típico de Madrid?

¿Por qué el bocadillo de calamares es algo tan castizo? ¿Cuándo nació este idilio gastronómico? ¿Cómo conquistó esa tierra de secano? Rastreamos el origen de este manjar rebozado, frito y servido entre dos panes.


A día de hoy, el origen de este excelso bocado es difuso. Sabemos que en Madrid se consumía buen pescado desde el siglo XVI: llegaba en invierno a lomos de mulas que viajaban desde Galicia y las costas del Cantábrico gracias a los arrieros maragatos procedentes de León. El camino que cruzaba la maragatería de este a oeste se llamaba 'calzada real' o 'camino gallego', en total eran 100 leguas y aproximadamente doce jornadas en llegar a Madrid; para que llegase bien el pescado se construyeron pozos que rellenaban con nieve durante el invierno y que resistían gran parte del verano.


Como no siempre llegaba en las mejores condiciones, de ahí surgió, por ejemplo, poner rodajas de limón en el besugo o tradiciones castizas como el carnavalesco entierro de la sardina. Ya en el siglo XVIII los tiempos mejoraron y los arrieros maragatos hacían entregas de pescado y marisco fresco de Galicia a Madrid en cuatro días, mediante en el servicio de postas (correos a caballo). Todo cambió cuando el ferrocarril, todavía lento, puso en contacto directo las costas con Madrid.


No hay duda de que la tradición católica, que impedía conforme a sus ritos comer carne en determinadas épocas, contribuyó a la incorporación de los pescados y mariscos a la dieta de la corte madrileña y por derivación a las capas populares. En la Villa se cotizaban los escabeches vendidos en barriles o lebrillos, importados de la orilla del mar, de bonito, besugo, sardinas o jureles. Pero ni rastro de calamares en los recetarios del siglo XVIII.


Entre las posibles razones del origen también está la influencia de la gastronomía andaluza en la capital. Por un lado, desde mediados del siglo XIX Madrid se abre a nuevas sugerecias al ritmo de la época o, como la denomina José Corral en Ayer y hoy de la gastronomía madrileña, la corriente andalucista: “fue en ese momento cuando Madrid se llena de colmaos flamencos y tabernas gitanas, con sus vinos generosos, con sus pescaítos fritos, con las gracias ligeras y apetitosas de la cocina andaluza, y la moda caló en Madrid y hondamente, llegando con fuerza hasta la crisis de la primera guerra europea.


La otra razón, quizás menos conocida, está relacionada con las primeras casas de comidas y los movimientos migratorios en busca de un futuro mejor hacia la Corte. “Los primeros restaurantes que se pueden considerar como tales no llegan hasta el siglo XX y lo habitual en las casas nobles y burguesas capitalinas era gozar de un servicio de casa, en la mayor parte compuesto por emigrantes gallegas y asturianas y de otras regiones de España más próximas a las costas, que recibían productos de ellas y estaban acostumbradas a su elaboración.


Pasado algún tiempo y tras muchos años de sacrificios en el servicio doméstico, muchas cocineras con ese origen fundaron la mayoría de las casas de comidas y tabernas madrileñas; no puede ser casual que las ofertas de esos establecimientos incluyesen los productos marítimos más asequibles”, apunta Sotos. El calamar, producto sin espinas y con poca merma, era perfecto. Una vez sabrosamente rebozado, frito en aceite vegetal y con un pan adecuado, se convertió en una de las estrellas de la gastronomía castiza madrileña.


El bocata de calamares ya es un clásico en cualquier visita a la capital. Una opción buena, bonita y barata de la gastronomía madrileña.

Fuente: Condé Nast Traveler

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El origen de la expresión "el quinto pino"

Resulta curioso descubrir como muchas expresiones de las que utilizamos en la actualidad tienen un origen bastante más lógico y real de lo que pensamos. Es lo que sucede con la expresión “el quinto pino” que habitualmente utilizamos para señalar que algo está muy lejos y que, precisamente, se originó en Madrid.

Paseo de Recoletos en 1930, un siglo después de plantar los pinos.

Según nos cuenta la historia, durante el reinado de Felipe V en el Siglo XVIII se plantaron en una de las arterias principales de la ciudad cinco frondosos pinos. El primero de ellos estaba en lo que hoy sería el comienzo del Paseo del Prado, cerca de Atocha.

Paseo del Prado

Los demás, situados a una notable distancia unos de otros, seguían por todo el eje hasta llegar al punto donde hoy vemos los Nuevos Ministerios, punto donde se alzaba imponente el quinto y último pino. La gente los utilizaba en aquella época para concretar sus encuentros, de la misma forma que ahora quedamos en Tribunal o en el Oso y el Madroño. Lo habitual era quedar en los dos o tres primeros puestos que el quinto, el más alejado, quedaba casi a las afueras de la ciudad.

Nuevos Ministerios

Precisamente, en él solían quedar los enamorados para poder darse los besos y caricias que tan mal visto estaba darse en público por aquel entonces. Fueron por tanto parejas de novios los que, en busca de algo de intimidad, se daban cita en ese punto, alejados de las miradas curiosas. Una costumbre que motivó una expresión muy utilizada varios siglos después, la de ubicar algo que está muy lejos en “el quinto pino”.

Fuente: Secretos de Madrid

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¿Por qué decimos “más chulo que un ocho”?

Es otra de las muchas expresiones que se siguen utilizando de forma habitual y que también se originó en Madrid. Cuando queremos destacar la altanería o prepotencia de una persona decimos que “es más chulo que un ocho”.
¿Os habíais detenido a buscarle alguna lógica a esta frase? Para entender el verdadero sentido de esta expresión hay que mencionar al tranvía número ocho que recorría Madrid, desde la Puerta del Sol hasta San Antonio de la Florida. En su itinerario pasaba por algunos puntos como la Calle Preciados, la Plaza de Santo Domingo, la Calle de Leganitos y los paseos de San Marcial y San Antonio de la Florida.


Lo cierto es que esta línea era la que utilizaban los típicos castizos y chulapos para ir al baile del Parque de la Bombilla y sobre todo, cada 15 de mayo, en la festividad de San Isidro. En esta señalada fecha los vagones del tranvía se llenaban de madrileños vestidos con su traje típico (clavel en la solapa incluido) y lo mismo pasaba con las mujeres, todas bien dispuestas, con sus inconfundibles mantones. Las personas que vivía por la zona del Manzanares y veía pasar estos “números ocho” llenos de chulos fueron las primeras en acuñar la expresión.
Con cierto humor e ironía enfatizaban el hecho de que no podía existir algo con más chulería que un tranvía repleto de “chulapos”. Una expresión que pronto dejó de ser exclusiva de Madrid y que ahora se puede escuchar en cualquier lugar de España.

Fuente: Secretos de Madrid

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